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dijous, 10 de juny del 2010
Blanco y negro
Nyman & McAlmont, Palau de la Música Catalana, 24/02/2010
Hace relativamente poco que descubrí al maestro (sí, haber nacido en la década de los noventa tiene sus ventajas y sus inconvenientes) pero estoy muy convencido de que ha entrado en mi mundo en el momento oportuno, cuando realmente lo necesitaba. Por amor, o eso creo, me enamoré de el desde el primer momento, sus melancolicas melodías me penetraban bruscamente hasta el corazon de cada uno de mis huesos y los escalofríos eran horrorosos. Con las escuchas, pero, empecé a controlarlo un poco.
El hecho es que pocos meses después de estas impresiones tan intensas tuve el incalculable placer de asistir a uno de sus recitales. Dividido en dos partes claramente diferenciadas, el concierto de este "gran" señor en el Palau fue tan simple pero tan intenso que un poco más y se caen las dos graderías y parte de los palcos...
El primero en pisar el escenario fue un hombre bajito y un poco gordito con el pelo super blanco y unas gafas a lo Scorcesse, se sentó en un piano de cola magnífico dando la espalda al público y empezó a darle a las teclas (blancas i negras) transportándonos a todos dentro de un mundo cinematográfico dessaturado imaginario. Dos temas y aparecieron los de la orquestra.
Con la orquestra en escenario aquello sí que ya se convirtió en un verdadero festival. En todo momento dirigidos por el artífice de la noche desde su piano, los músicos estuvieron realmente bién.
Diez minutos de descanso.
Vuelven a aparecer los músicos acompañados por su bajito director y el hombre más "brillante" de la noche aparece elegantísimo en escena.
A partir de aquí las palabras ya se quedan tan cortas que serían todo monosílabos indescifrables rollo mm, uf, oo, amf, ix, uu, brr, ...
Quisiera agradecer todo a Maria, sin ella este post no tiene sentido...
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